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Sensaciones
de agua,
siempre
la poesía como un gesto,
una
salvación.
Reducto
incesante donde mora
la
íntima unión con el universo,
con
el olor al canto de los grillos,
agitado
frotar de sus alas,
con
el paisaje del perfume verde
y
la brisa que sabe a todos los lugares
que
me alojaron en su seno de madre simbólica...
Sensaciones
de agua, conexiones, la piel
que
lo dice todo y me trae como raíz
a
la esperanza, esperanza mía, ruego, soga, ancla,
mano
que toma amable mi hombro, para que no me vaya,
inventándola,
inventándote esperanza,
señuelo
para seguir en este mundo,
tan
sembrado de hastío, tan invitante de muerte.
Recuerdo
mar de Chile en la roca,
recuerdo
piedra florida, rincón del cuerpo
que
lucha por no sucumbir ante el espanto...
Recuerdo
el amor en mi boca, aunque presente
para
seguir amando con locura de nostalgia y carne enamorada.
El
cielo siempre multidiscursivo de nubes o su ausencia,
pleno
o en retazo citadino,
paleta
infinita:
parece
que fuera espejo de mi alma,
como
un lugar donde caer dormida,
como
un regazo para descansar de tanto humano deshumano,
de
tanta cosa ya perdida...
Sensaciones
de agua, rocío y mate,
hoja,
nervadura como mapa ante la indiferencia,
nervadura
como nudo al que atar la existencia.
Corteza
de eucaliptus, gotas vegetales como plumas perfumadas
en
un campo todavía limpio,
en
mascar la hierba y comer tierra.
Recuerdo
la lluvia en el verano, que son todos los veranos,
el
ciruelo y el damasco, y la pared pintada con cal.
La
luz rosa en el asfalto y el pino frondoso de la imaginación.
Una
señora antigua sentada en la vereda, diciendo en su figura
un
mundo de gallinero en el fondo bajo el imperio de la sola luz solar,
diciendo
comida hecha por manos y una vida predecible ...
¿Es
inexorable el camino de la conciencia?
Sensaciones
de agua, y de luz y
de
polvo entre los dedos de los pies,
la
poesía como una salvación.
Recuerdo
el calor de Huaco, y su implacable mensaje
de
finitud y belleza.
Recuerdo
pisos de damero, alfombras mágicas,
y
pasillos frescos de la infancia.
Recuerdo
el olor a podredumbre de las casas
de
todas las pobrezas del mundo,
y
el sobreviviente pasar de un momento a otro,
sin
más horizonte que una pared a un metro de la nariz
y
una zanja olvidada,
zanjada
a veces por la fiesta
y
el amor con harina barata...
Recuerdo
un lago azul del Sur
y
la selva fría imponiendo su ley de mujer salvaje
y
un viento anterior en las sierras como preludio del desastre.
El
río de Salta en otoño
hablando
con las hojas amarillas que se dejaban llover
y
así llevarse en la trasparente superficie
y
el perro hablándome sus males.
Todo
resuena, toma profundidad,
lo
envuelve una luz y late.
Laberinto
circular,
sensaciones
de agua y de todas las sensaciones
como
salvaciones,
como
poesía sensacional, salvacional
como
esperanza espantada,
inventada,
como
poesía inventando la sensación de la esperanza
para
seguir inventado la vida,
y
la vida baile libre
su
propia danza.
Laura Gallo
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